La confianza política en España alcanza su punto más bajo desde Franco

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Un político honesto es aquel que, cuando es comprado, se queda comprado“.

La cita de arriba es del Siglo XIX y pertenece al senador norteamericano Simon Cameron, quien fue Secretario de Guerra para Abraham Lincoln durante menos de un año, antes de ser forzado a dimitir por… ¡sí, lo has adivinado! cargos de corrupción. Al menos Cameron fue consistente tanto en sus palabras como en sus acciones.

Esto es más de lo que puede decirse de muchos de los políticos de alto rango del actual partido gobernante de España, el Partido Popular (PP), cuyos partidarios parecen más que dispuestos a mojarse el pico en la fuente de la corrupción, pero, una vez que  se ven atrapados en el acto, niegan toda maldad, en tanto que crecen evidencias de lo contrario.

Luego de toda nueva noticia de corrupción, el gobierno de Rajoy tropieza cada vez más cerca del abismo. La última ronda de alegatos, publicada por el diario español El País, implica a casi todos los rangos superiores del PP, incluido el propio Rajoy, en un delirio de corrupción que lleva ya más de una década. Ciertamente fue el predecesor de Rajoy, José María Aznar – el hombre que estaba hombro con hombro con George W Bush y Tony Blair, cuando se anunció el lanzamiento de un conflicto militar contra Irak en 2003 – quien supuestamente formalizó la práctica de solicitar sobornos de las empresas constructoras en los años 90.

Según un cierto número de ex tesoreros del partido, Aznar no estaba contento con el sueldo “oficial” que recibía como presidente del partido y se propuso complementarlo con unos denominados “gastos de representación”, que no serían declarados a las autoridades fiscales correspondientes.

Las fuentes sostienen que estos “bonos” salariales promediaban  unos 3.000 euros al mes. Para realizar un seguimiento de todo el dinero que cambiaba de manos, el tesorero del partido – que hasta 2009 era Luis Bárcenas, el hombre que fue descubierto recientemente tras haber escondido unos 22 millones de euros en cuentas bancarias en Suiza, y que aparentemente está ahora delatando a sus colegas -, quien tiene una lista muy bien guardada de los que recibieron estos fondos.

La gran pregunta es ¿qué tanto el actual PM Rajoy sabe de estas prácticas? Y aún más importante ¿qué tanto de eso se embolsó (si es cierto que lo hizo)? En tanto que el edificio del gobierno se desmorona, las negaciones oficiales de estas maldades llegan gruesas y rápidas de todos los implicados en el escándalo, incluyendo, por supuesto, al propio Rajoy, quien niega haber recibido ni distribuido “dinero negro”.

Algunos, como Aznar y Cospedal (secretaria general del PP), incluso han instruido a sus abogados – que son pagados sin duda por los contribuyentes – a presentar demandas contra El País y otras publicaciones por difamación. Mientras tanto, la economía española continúa su descenso al abismo. El consumo de los hogares se ha desplomado cerca de un 50 por ciento desde el año 2002, el desempleo continúa su imparable carrera hacia un 30 por ciento – y un porcentaje tambaleante de 60 por ciento entre los jóvenes –  dejándole a los más brillantes poca elección como no sea buscar la salida hacia el extranjero;  y muchas de las pequeñas empresas que han capeado milagrosamente la crisis hasta ahora están mordiendo el polvo y cerrando la tienda o concentrando sus operaciones en la economía sumergida  (¿y quién podría culparlos, teniendo en cuenta cómo el gobierno parece estar usando sus impuestos?).

Mientras que Rajoy y su variopinto equipo de ministros prometen hacer todo lo necesario para  demostrar su inocencia, ignoran un punto esencial: el daño está hecho. La confianza en la política es difícil de ganar y se pierde fácilmente, y estos días en España, la confianza pública en el gobierno está por los suelos.  Una encuesta reciente reveló que el 96 por ciento de los españoles no tienen fe en las intenciones de ninguno de los partidos principales – lo cual no es sorprendente tomando en cuenta la escala y el alcance de la corrupción y la traición.

Y con pocas posibilidades de que se apague el clamor popular, uno sólo puede preguntarse hacia dónde podrían irse finalmente los acontecimientos en España.  Las batallas internas en el gobierno seguramente se intensificarán, y han surgido rumores de que las recientes filtraciones  podrían incluso ser parte de una campaña coordinada por el ala radical del PP para desprestigiar y derrocar a Rajoy. Ciertamente Esperanza Aguirre, ex presidente de la Comunidad de Madrid y una de un puñado de altos funcionarios del gobierno anterior que salieron incólumes  de los escándalos, parece tener las miras puestas en el cargo principal.

¿Y qué hará la Unión Europea? ¿Entrará en la refriega para prevenir que la inestabilidad política española siga poniendo en peligro el proyecto Europeo? ¿Podría la comisión tratar de deponer a Rajoy, como lo hizo tan despiadadamente con Silvio Berlusconi, en Italia, y Geórgios Papandreu en Grecia, reemplazándolos con tecnócratas (léase: los anteriores banqueros de Goldman Sachs?) más susceptibles hacia las demandas del superestado Europeo?

¿O es que el pueblo de España tomará finalmente las riendas de la situación? ¿Podría ser España la primera de las Primaveras Europeas de este año? Ciertamente la ira pública está casi llegando al punto de ebullición – como sólo puede esperarse dadas las rápidas condiciones económicas de deterioro y los excesos, abusos y lamentables deficiencias de muchos de sus traidores “representantes”  políticos.  Aun los votantes moderados y conservadores están empezando a usar la temida palabra ¡R[evolución]!

Como advirtió Marcus Tullius Cicero hace más de dos milenios, “Una nación puede sobrevivir a sus tontos, e incluso a los ambiciosos. Pero no puede sobrevivir la traición desde dentro … Pues el traidor no parece traidor; les habla a sus  víctimas con un acento familiar, y viste el rostro y los argumentos de ellos, y apela a la vileza que yace profundamente en los corazones de todos los hombres.  Pudre el alma de una nación, trabaja  secreta e ignotamente en la noche para minar los pilares de la ciudad e infecta el cuerpo político para  que ya no pueda resistir. Un asesino es menos temible. El traidor es la plaga”.

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